Mientras decía el Santo estas palabras, el hereje echaba cebada a la mula para que comiese; pero la mula, sin hacer caso de la comida avanzó pausadamente, como si hubiese tenido uso de razón, y, doblando respetuosamente las rodillas ante el Santo que mantenía levantada la Sagrada Hostia, permaneció en esta postura hasta que San Antonio le concedió licencia para que se levantara. Bonvillo cumplió su promesa y se convirtió de todo corazón a la fe católica; los herejes se retractaron de sus errores, y San Antonio, después de dar la bendición con el Santísimo en medio de una tempestad de vítores y aplausos, condujo la Hostia procesionalmente y en triunfo a la iglesia, donde se dieron gracias a Dios por el estupendo portento y conversión de tantos herejes.
Bienvenidos al Blog de la Juventud Franciscana de Quilicura! Aquí esperamos que conozcan historias de San Francisco, de Santa Clara, y de todos sus hermanitos; y también esperamos que nos conozcan y conozcan esta hermoso y santo carisma, para acercarnos más a Jesucristo. Si quieres conocernos, o tienes alguna duda sobre quiénes somos, escríbenos a 'lemunantu.jufraquilicura@gmail.com'
domingo, 16 de octubre de 2011
San Antonio y La Mula
Mientras decía el Santo estas palabras, el hereje echaba cebada a la mula para que comiese; pero la mula, sin hacer caso de la comida avanzó pausadamente, como si hubiese tenido uso de razón, y, doblando respetuosamente las rodillas ante el Santo que mantenía levantada la Sagrada Hostia, permaneció en esta postura hasta que San Antonio le concedió licencia para que se levantara. Bonvillo cumplió su promesa y se convirtió de todo corazón a la fe católica; los herejes se retractaron de sus errores, y San Antonio, después de dar la bendición con el Santísimo en medio de una tempestad de vítores y aplausos, condujo la Hostia procesionalmente y en triunfo a la iglesia, donde se dieron gracias a Dios por el estupendo portento y conversión de tantos herejes.martes, 4 de octubre de 2011
"Cómo un niño quiso saber lo que hacía San Francisco de noche"
domingo, 1 de mayo de 2011
Cómo, estando gravemente enferma Santa Clara, fue transportada milagrosamente, en la noche de Navidad, a la iglesia de San Francisco
Hallándose una vez Santa Clara gravemente enferma, hasta el punto de no poder ir a la iglesia para rezar el oficio con las demás monjas, llegó la solemnidad de la natividad de Cristo. Todas las demás fueron a los maitines, quedando ella sola en la cama, pesarosa de no poder ir con ellas y tener aquel consuelo espiritual. Pero Jesucristo, su esposo, no quiso dejarla sin aquel consuelo la hizo transportar milagrosamente a la iglesia de San Francisco y asistir a todo el oficio de los maitines y de la misa de media noche, y además pudo recibir la sagrada comunión; después fue llevada de nuevo a su cama.
Las monjas, terminado el oficio en San Damián, fueron a ver a Santa Clara y le dijeron: ¡Ay madre nuestra, sor Clara! cuánto consuelo hemos tenido en esta santa noche de Navidad! Pluguiera a Dios que hubieras estado con nosotras. Y Santa Clara respondió:
“Yo doy gracias y alabanzas a mi Señor Jesucristo bendito, hermanas e hijas mías amadísimas, porque he
tenido la dicha de asistir, con gran consuelo de mi alma, a toda la función de esta noche santa y ha sido mayor que la que habéis tenido vosotras; por intercesión de mi padre San Francisco y por la gracia de mi Señor Jesucristo, me he hallado presente en la iglesia de mi padre San Francisco, y he oído con mis oídos espirituales y corporales todo el canto y la música del órgano, y hasta he recibido la sagrada comunión. Alegraos, pues, y dad gracias a Dios por esta gracia tan grande que me ha hecho. Amén.”
miércoles, 20 de abril de 2011
Cómo San Francisco pasó una cuaresma en una isla del lago de Perusa con sólo medio panecillo
domingo, 10 de abril de 2011
Cómo el hermano Bernardo fue a Bolonia y fundó allí un lugar
Puesto que San Francisco y sus compañeros habían sido llamados y elegidos por Dios para llevar la cruz de Cristo en el corazón y en las obras y para predicarla con la lengua, parecían, y lo eran, hombres crucificados en la manera de vestir, en la austeridad de vida y en sus acciones y obras; de ahí que deseaban más soportar humillaciones y oprobios por el amor de Cristo que recibir honores del mundo, muestras de respeto y alabanzas vanas; por el contrario, se alegraban de las injurias y se entristecían con los honores. Y así iban por el mundo como peregrinos y forasteros, no llevando consigo sino a Cristo crucificado. Y, puesto que eran verdaderos sarmientos de la verdadera vid, Jesucristo, producían copiosos y excelentes frutos en las almas que ganaban para Dios.
-- Padre, ya está hecha la fundación en Bolonia. Manda allá otros hermanos que la mantengan y habiten, porque yo no tenía ya allí ganancia; al contrario, por causa de la demasiada honra que me daban, temía perder más de lo que ganaba.miércoles, 2 de febrero de 2011
De cómo Santa Clara, por obediencia al Papa, signó la mesa, y de cómo sobre cada uno de los panes apareció la Santa Cruz incrustada por milagro de Dios.
Una de las veces fué al Monasterio de ella para oirle hablar de las cosas celestiales y divinas, y estando así reunidos en divinos razonamientos, Santa Clara hizo preparar las mesas, y en tanto puso el pan para que el Padre Santo lo bendijera. De aquí que, concluído el razonamiento espiritual, Santa Clara, arrodillándose con grande reverencia, le ruega que le plazca bendecir el pan puesto en la mesa.
Entonces Santa Clara, como verdadera hija de la obediencia, bendijo aquellos panes devotísimamente con el signo de la Santa Cruz. ¡Admirable cosa! De pronto, en todos los panes apareció el signo de la Santa Cruz bellamente incrustado. Y entonces parte de aquellos panes se comieron y parte fueron reservados por el milagro.viernes, 28 de enero de 2011
"San Antonio y el milagro de los Peces."
Queriendo, Cristo bendito, demostrar la gran santidad de su fidelísimo siervo San Antonio de Padua, y cómo devotamente habían de escuchar su predicación y santa doctrina los animales irracionales, una vez, entre otras, castigó por medio de los peces la estupidez de los infieles y herejes, de la misma manera que antiguamente, en el Viejo Testamento, por boca de la burra, había reprendido la ignorancia de Balaam.
Y dicho que hubo así, vínose hacia él, a la orilla del mar, tanta multitud de peces grandes, pequeños y medianos, que nunca jamás vióse en todo aquel mar, ni en aquel río, una tan grande multitud. Y todos sacaron la cabeza fuera del agua y estaban atentos con grandísima paz y mansedumbre y orden. Pues que delante y más próximos a la ribera estaban los peces más pequeños, y después estaban los medianos; y luego, donde el agua era más profunda, estaban los peces mayores.
Y cuanto más predicaba San Antonio, más crecía la multitud de peces, y ninguno se marchaba del puesto que había tomado. Ante este milagro, fue corriendo el pueblo de la ciudad, entre los cuales entraron también los herejes susodichos, quienes, viendo el milagro tan maravillosos y manifiesto, dolidos en su corazón, echáronse todos a los pies del Santo para oir su palabra. Y San Antonio comenzó a predicar la fe Católica, y tan noblemente predicó, que convirtió a todos aquellos herejes, y los fieles quedaron con grande alegría confortados y fortificados en la santa fe.